
Según la teoría de Milton Friedman, padre del neoliberalismo, en estas circunstancias el mercado se debe corregir a sí mismo con la llamada "mano invisible" que profetizó en el siglo XVIII el filósofo escocés Adam Smith, conocido como "el padre de la economía moderna".
Cualquier distorsión, según Friedman, es culpa del gobierno por no dejar respirar al mercado. No obstante, ahora hay una suerte de consenso tanto en Europa como en Estados Unidos en que es necesario intervenir en las principales plazas financieras, como sucedió en la década de 1930.
A la hora de buscar culpables de la situación actual, muchos analistas acusan a los banqueros de arriesgar más recursos públicos en busca de mayores ganancias.
Pero en este tipo de crisis, los bancos son los agentes de la especulación, no la causa. Hay que señalar como culpables a los gobiernos que aplicaron el neoliberalismo desde décadas atrás.
Otra olvidada escuela del capitalismo, encabezada por el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946), aseguraba que debían ser los gobiernos (factor ignorado hasta entonces), los que tendrían que convertirse en instrumentos económicos activos y compensar (a través de políticas económicas adecuadas) la insuficiencia de inversión privada durante una recesión con la reducción de impuestos y, sobre todo, con el incremento del gasto público.
Keynes pensaba que la economía no tendía de manera automática hacia el pleno empleo y que no se podía esperar que las fuerzas del mercado fueran suficientes para salir de la recesión. Sólo la actuación del Gobierno, -opinaba Keynes- al reducir los impuestos o aumentar el gasto público, podrá conseguir que la economía vuelva a una posición de pleno empleo. En definitiva, los gobernantes tienen que garantizar una demanda suficiente en la economía para crear y mantener el pleno empleo, pero no debe ser excesiva para evitar que aumente la inflación, argumenta el keynesianismo.
Esta teoría, influida por el Crack del 29 y sus consecuencias, justificaba las acciones emprendidas en Inglaterra y, muy especialmente, en Estados Unidos, donde el presidente Franklin Delano Roosevelt había afrontado la lucha contra la Gran Depresión con su política de New Deal (Nuevo Reparto o Nuevo Trato).
Tanto Roosevelt como el Congreso de Estados Unidos aprobaron un programa de medidas económicas y se crearon nuevos organismos federales para intentar reducir el desempleo y restablecer la prosperidad mediante una serie de nuevos servicios, regulaciones y subsidios.
Fue diseñado con la ayuda del denominado Brain Trust (gabinete de expertos de la Universidad de Columbia que asesoró al presidente especialmente en materia económica) e hizo del gobierno del país por vez primera el impulsor del cambio económico, en contraste con su tradicional papel pasivo de índole liberal.
El presidente John F. Kennedy aplicó este tipo de medidas para sacar a la economía estadounidense de la recesión de principios de la década de 1960.