
La escuela neoliberal ha puesto su lápida en Wall Street.
Quienes apostaban al mercado como eje de la economía, y dejaban en sus manos que funcionaran las fuerzas ciegas de la Ley de Oferta y Demanda, sin regulaciones, controles, supervisiones u otra forma de intervención del Estado, hoy claman por el rescate.
La actual crisis, prolongación de la inmobiliaria iniciada en Estados Unidos hace algo más de un año, adquirió características que permiten compararla con el crack de 1929 que dio lugar a la Gran Depresión de 1930.
Esta situación ha merecido ya el calificativo de la destrucción más grande en la historia de Wall Street y significa pérdidas reales por miles de millones de dólares, reflejadas en riqueza empresarial, petrolera, bienes raíces, bancos, pensiones y más.
La crisis, al decir de algunos economistas, manifiesta el papel del Estado como regulador del mercado, teoría que niega la corriente neoliberal. A partir de la quiebra de importantes y grandes bancos en el Mundo, el Estado ha tenido que buscar soluciones como la nacionalización para paliar la debacle de este sistema.
La desregulación financiera, uno de los estandartes del neoliberalismo, no es más que la falta de control en la actividad de la banca bajo el dogma de que el mercado lo regula todo, lo cual ha contribuido a la presente crisis financiera.
En la misma, por primera vez, confluyen varias crisis: financiera, ecológica, alimentaria, energética y social, entre otras.